No hace falta terminar el cuento
Hay días en los que un cuento dura tres páginas.
Otros, dos.
A veces ni siquiera llegamos a la primera.
Porque alguien ha visto un perro en una ilustración y necesitamos detenernos a hablar del perro. Porque una página tiene un dibujo que merece ser mirado durante un rato. Porque una palabra nueva nos hace parar. O porque, sencillamente, hoy no hay ganas de seguir.
Y está bien.
Un cuento no siempre empieza por la primera página
Nos hemos acostumbrado a pensar que leer un cuento significa empezar por la primera página y llegar hasta la última. Como si hubiera una pequeña meta al final del libro que hubiera que alcanzar.
Pero cuando leemos con niños, especialmente cuando son pequeños, un cuento no siempre funciona así.
A veces se empieza por el final.
A veces se lee una sola página diez veces.
A veces se pasan todas deprisa para volver a una ilustración concreta.
A veces inventamos lo que ocurre entre dos páginas.
Y otras veces el cuento se queda abierto sobre las piernas mientras hablamos de cualquier otra cosa.
También eso es leer
Porque antes de aprender a seguir una historia, los niños aprenden a mirarla.
Miran los colores, los personajes, los pequeños detalles que nosotros ni siquiera habíamos visto. Escuchan cómo cambia nuestra voz. Reconocen una frase antes de que la terminemos. Esperan ese momento que ya conocen y sonríen incluso antes de que llegue.
Y quizá ahí esté una de las cosas más bonitas de compartir cuentos: que no tenemos que hacerlo «bien».
No hay que terminar el libro.
No hay que conseguir que se quede sentado hasta el final.
No hay que aprovechar cada cuento para enseñar algo.
A veces basta con abrirlo.
Mirar.
Inventar.
Repetir.
Y volver a empezar.
No hay que hacerlo «bien»
Porque un cuento para un niño no es solo una historia que comienza en la primera página y termina en la última.
Puede ser una voz.
Un rato juntos.
Una ilustración que se queda en la memoria.
Una frase que se repite durante días.
Un dedo que señala un dibujo.
Una risa antes de pasar página.
Y también puede ser, simplemente, ese momento en el que dos personas se sientan juntas y miran el mismo mundo durante un rato.
Así que la próxima vez que no lleguéis al final del cuento, no pasa nada.
Quizá no os habéis quedado a medias.
Quizá el cuento ya había terminado donde tenía que terminar.
